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Economía de la funcionalidad Parte 1

La economía de la funcionalidad está basada en el pago por uso o servicio y no en la posesión de los mismos. Esto se traduce en una lucha contra la obsolescencia programada y el consumismo desenfrenado, que te llevan a comprar y comprar, sin tener en cuenta factores tan importantes como la durabilidad, el ciclo de vida o el reciclaje de los productos. Esto otorga un mayor sentido común al consumismo, dando lugar a un “renting” o “alquiler” de objetos o servicios en el momento preciso en que los vayamos a utilizar.

Esta economía da una vuelta de 360 grados a la forma de consumir, porque el usuario paga únicamente por el uso realizado, consiguiendo que muchos de los costes que eran fijos se conviertan en variables. Esto se traduce en un comercio más justo con los consumidores, que pagarán por aquello que hayan utilizado, ni más ni menos.

Un beneficio común que también sugiere una gran noticia para el planeta, ya que la economía de la funcionalidad promueve una economía cíclica y sostenible, que contamina mucho menos, frena el consumismo actual, lucha contra la obsolescencia programada, fomenta las relaciones sociales, aporta sentido al uso de bienes y servicios, fomenta el reciclaje y la reutilización, promueve el ecodiseño para asegurar una mayor durabilidad de los objetos o servicios y se basa en la economía circular.

Ejemplos

Existen muchas empresas que utilizan la economía de la funcionalidad, por ejemplo, para el servicio de impresión, de manera que una empresa externa les ofrece un servicio de renting y pagan sólo por aquello que imprimen, pudiendo reducir costes y conseguir una factura justa y basada en aquello que han imprimido, ni más ni menos. Apen es una de las empresas que ofrece este servicio llamado “Precio por copia”, en el que consiguen que el cliente pueda reducir costes y generar impresiones más sostenibles, ofreciendo un servicio de pago por uso, basado en la economía de la funcionalidad.

Otro ejemplo son las lavanderías, en las que la gente tiene la posibilidad de pagar por lavar su ropa siempre que lo necesite. La lavandería permite pagar por el lavado, pudiendo evitar el coste de comprar una lavadora al usuario, además de permitir un lugar de encuentro social.