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La moda circular sin economía circular

Hoy en eco-circular.com publicamos un artículo de Ester Xicota, que es consultora en innovación sostenible y promotora de proyectos que transforman la industria de la moda. Está especializada en  apoyar a profesionales y gerentes a implementar la sostenibilidad de manera rentable en su organización.

La moda circular sin economía circular

A pesar que los líderes de la industria de la moda están avanzando en su circularidad, si miramos el sector en su conjunto, los avances globales de la industria son aún limitados. Según el Pulse Score , índice que mide la implementación de la sostenibilidad en la industria de la moda, el avance en la industria es únicamente del 32%. Queda mucho por hacer.

Ahondando un poco en el análisis, si observamos cuáles son las organizaciones que implementan acciones de sostenibilidad, podemos ver que existe una gran dispersión entre las mismas. Las organizaciones que mejor performance muestran según el índice, son las grandes empresas, así como algunas empresas de tamaño medio y empresas familiares. Pero más de la mitad del mercado, especialmente empresas pequeñas a medianas han hecho muy poco para avanzar en este campo. Según el estudio, dos tercios de los ejecutivos de la industria, no han implementado lineamientos ambientales o sociales en su empresa.

Otro gran insight del estudio es que la variable que correlaciona más con la sostenibilidad, no es el precio de los productos sino el tamaño de la empresa. Esto nos da una luz sobre las barreras que enfrenta la industria para avanzar a la circularidad.

Estrategias sostenibles pero no circulares

Cuando una marca o empresa, independientemente de su tamaño, decide implementar lineamientos de sostenibilidad o circularidad, a la producción más sostenible de moda, las estrategias más utilizadas  se centran en acciones en las primeras fases del ciclo de vida del producto.

De un lado, las organizaciones buscan modificar su aprovisionamiento y seleccionan materiales menos impactantes. El ejemplo más emblemático es el uso del algodón orgánico que representa una alternativa a un cultivo altamente intensivo en agua y pesticidas.

Por otro lado, las organizaciones buscan estrategias y opciones de producción más ética. En este ámbito tenemos iniciativas que van desde asegurar que se mantienen condiciones de trabajo y salarios dignos a iniciativas que tratan de empoderar a comunidades y poblaciones con alto riesgo de exclusión. El certificado de comercio justo y las estrategias de fortalecimiento del trabajo artesano son ejemplos de estas acciones.

Pero para la implementación de un modelo de economía circular es necesario que las organizaciones consideren todas las fases del ciclo de vida de un producto des del diseño y la producción de los materiales hasta la disposición final. Es esencial que aseguren que los insumos y materiales que están eligiendo no tienen impacto en las subsiguientes fases del ciclo de vida y que se mantenga su valor una vez las prendas son desechadas y recicladas.

No es suficiente que los materiales sean menos impactantes que los tradicionales. Debemos asegurarnos que cuando estos materiales son usados, mantenidos y finalmente dispuestos, no generen externalidades negativas o dificulten la captura de valor del producto al final del ciclo de vida. ¿De qué sirve estar usando algodón orgánico si lo mezclamos con otros materiales haciéndolo casi imposible de reciclar, o lo teñimos con tintes altamente contaminantes que se desprenden en el entorno durante la fase de uso?

La necesidad de acción colectiva

En la actualidad, la mayoría  empresas textiles son conscientes de la importancia de la circularidad pero enfrentan grandes retos para implementarla efectivamente. Las posibilidades de iniciar acciones de circularidad son limitadas.

Las marcas que quieren tornarse circulares deben invertir grandes cantidades de recursos en conocer e implementar estrategias de diseño más sostenible; crear su propio sistema de aprovisionamiento inverso; desarrollar tecnologías de separación y reciclaje y desarrollar campañas de comunicación e implicación del consumidor para que adopte prácticas de consumo más sostenibles, como reusar ropa, comprar moda reciclada, o retornar la ropa que no usa.

A pesar que es difícil poder desarrollar un sistema circular en la industria de la moda sin el conocimiento y la tecnología que reside en una economía circular, las marcas y empresas del sector deben trabajar para acelerar la transición.

Para lograrlo es necesario trabajar en dos frentes. Por un lado el pensamiento de ciclo de vida debe estar generalizado y los productos, desde su diseño, deben considerar los aspectos ambientales al mismo nivel que los de color, forma y textura. No basta con introducir materiales que tienen un menor impacto en su producción sino que deben diseñar sus productos para asegurar que los materiales introducidos en el mercado, cuando lleguen al final de su vida útil, puedan tornarse en materiales reciclados de alta calidad.

Además, es necesario desarrollar colaboraciones entre stakeholders  que permitan llenar el vacío de tecnologías y sistemas logísticos. Para hacerlo, deben establecerse colaboraciones y alianzas que agrupen actores de diferentes sectores. El enfoque debe ser el alinear intereses y desarrollar soluciones logísticas y tecnológicas que beneficien al sector en su conjunto.

Un ejemplo de este tipo de alianzas es el recién creado Apparel Impact Institute que es el resultado de la colaboración entra Sustainable Apparel Coalition, Sustainable Trade Initiative, Target, PVH Corporation, Gap y HSBC.

A pesar que el contexto aún no es favorable, las organizaciones tienen la posibilidad de obtener la ventaja del first mover y beneficiarse de un posicionamiento y unos márgenes superiores a los que accederán sus competidores en un futuro cercano.

Los lineamientos son claros: debemos iniciar la mejora sistémica de nuestros productos y establecer  colaboraciones multistakeholder sinérgicas y complementarias. Estos dos son los elementos clave para conseguir el impacto y la escala que se requiere para transicionar a nuevos modelos de economía circular y superar las barreras que impone el tamaño de las organizaciones.

Ester Xicota