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Reparar, o “la misión imposible”

Hoy compartimos un artículo de Sonia Sánchez Torre, especialista en RSC y sostenibilidad.  Acompaña y da soporte a PYMES que desean liderar su sector apostando por la sostenibilidad. Hoy nos habla de Reparar, o “la misión imposible”.

Reparar, o “la misión imposible”

Hubo un tiempo en el que reparar lo que se rompía era lo normal. Los fabricantes disponían de un servicio técnico oficial y en cada barrio había una o varias empresas dedicadas a la reparación.

La situación fue degenerando y a día de hoy nos encontramos con que resulta misión imposible reparar un producto a un coste, plazo y esfuerzo razonables.

En los dos últimos meses he visto “morirse”  en mi casa la cafetera, la impresora, mi teléfono móvil y una máquina de afeitar. Y he descubierto que no puedo arreglarlos a un coste y en un plazo razonables. ¿Por qué?

– Porque el coste de examinar el producto y elaborar un presupuesto en un servicio técnico oficial es totalmente disuasorio.

– Porque la mayoría de los precios de reparación que me han dado han resultado iguales o superiores al precio de un nuevo producto.  Una es muy responsable… pero no tonta; probablemente una vez reparados fallen por otro lado ya que la mayoría de los productos están diseñados para tener una vida sólo ligeramente superior a la duración de la garantía.

– Porque los plazos de reparación también son disuasorios; ¿3-4 semanas para reparar un teléfono móvil?!. Si realmente quisieran darme la oportunidad de arreglarlo bastaría con aumentar la plantilla.

– Porque uno de los fabricantes me ha comunicado que no disponen de servicio técnico oficial ni me pueden dirigir a ningún servicio técnico externo.  Si está en garantía me lo cambian por un nuevo producto, y si no, me sugieren comprar uno nuevo, para lo que me ofrecen un descuento.

– Porque más de un servicio de reparación independiente me ha dicho que no me presupuesta la reparación porque sabe que tendrá que cobrarme lo mismo que me costaría una nueva y que por lo tanto decidiré no reparar.

A partir de este punto nos quedan los tutoriales de reparación de Youtube (¡suerte!) y el patearse la ciudad en busca de alguien capaz y dispuesto a reparar lo que sea que se nos ha estropeado; o eres un auténtico activista del anticonsumo y el medio ambiente (y además tienes mucho tiempo libre) o reparar será misión imposible.

La mayoría de los fabricantes dedican páginas y páginas de sus memorias de sostenibilidad a hablar de sus esfuerzos en pro del medio ambiente, se llenan la boca con la “economía circular” y se muestran muy orgullosos de todo lo que son capaces de reciclar;

Una vez más, la economía circular queda reducida a “reciclar”.

Pero “reparar” es una estrategia clave dentro de la economía circular.

Y es mucho más eficiente que “reciclar”;

– Reparar prolonga la vida útil de los productos y evita tener que fabricar uno nuevo, con el ahorro de materias primas, energía y emisiones consiguiente.

– El impacto medioambiental de reparar es considerablemente menor que el de reciclar, que a menudo implica un alto consumo energético y el uso de químicos y materia prima virgen.

Dificultar la reparación o favorecer el consumo de un nuevo producto frente a la opción de reparar, al tiempo que se declara el compromiso de la empresa con el medio ambiente es un ejercicio de cinismo (en mi humilde opinión, claro…).

Y creo que alardear de todo lo que se recicla y no potenciar la reparación es greenwashing.

(Lo de la obsolescencia programada… creo que directamente ha de ser considerado delito medioambiental.)

Además, estoy segura de que existe un nicho de mercado dispuesto a pagar por productos duraderos y reparables; Fairphone, y cada día más iniciativas también lo creen.

He escuchado mil y una veces que “reparar es más caro que fabricar de cero”. No es cierto;  La clave, como casi todo en la economía circular,  está en el diseño; en diseñar los productos para que sean fáciles de reparar:

– En utilizar materiales duraderos.

– En prever la facilidad de desmontaje y acceso a la piezas a sustituir.

– En no usar colas y pegamentos para las uniones.

– En utilizar piezas estándar.

– En no requerir el uso de herramientas especiales.

– En usar el diseño modular, permitiendo la sustitución sencilla de los módulos obsoletos o estropeados.

– En ofrecer instrucciones de mantenimiento.

– En ofrecer diagramas de diagnóstico de problemas.

– En ofrecer instrucciones para que el usuario o un técnico pueda reparar los problemas.

– En ofrecer piezas de repuesto a precios razonables.

Con un poco de pegamento, cuerda y cinta americana, a mis hijos de tres y cinco años no hay juguete roto que se les resista. Se rompe; se arregla y a seguir jugando.

Que no me vengan con milongas… Si el fabricante quiere, se puede.