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¿QUEREMOS QUE LA ECONOMÍA CIRCULAR ARRAIGUE?, PONGAMOS A LA CIUDADANÍA EN EL CENTRO

En el ámbito de los profesionales del medioambiente en nuestro país, proliferan reuniones técnicas y foros sobre Economía Circular. Se ponen ejemplos de negocios circulares y de cómo implementar estrategias para reducir el consumo de materias primas vírgenes o la disminución de la generación de residuos. Todos estos ejemplos nos valen, pero verdaderamente cuestan replicarlos.

Hay un hecho claro, de autocrítica, y es el que siempre nos contamos las mismas cosas a las mismas personas, sin pensar que todos nosotros: CEOS, directivos, empleados, funcionarios, políticos…, formamos parte de la ciudadanía y tomamos decisiones dentro y fuera de nuestras organizaciones, por lo que somos en cierta medida, jueces y partes para implementar la Economía Circular, aunque esto no parece tenerse siempre en cuenta.

Desde hace ya 4 años de la publicación del denominado “Paquete de Economía Circular” por parte de la Comisión Europea, aquella no llega como tal al público en general. Sí como aspectos de ahorro, de eficiencia energética, de reciclaje,…, pero no como concepto, porque éste se debe explicar de manera sencilla, difundir e implementar. Se han hecho muchas cosas en este ámbito, que no se le ha dado el sello de “circular” y la ciudadanía lo usa, sin saberlo. ¿no nos está dando la impresión que el tema se ha frenado?

Nos preguntamos entonces, ¿qué es lo que falla?. ¿hay solución?. ¿qué barreras hay que superar?.

Los actores sociales desde el punto de vista de la ciudadanía podemos agruparlos en tres bloques:

  • El sector productivo, formado por empresas de primera y segunda transformación, lo que sería el núcleo industrial.
  • El sector servicios, formado por aquellas empresas no industriales, que facilitan el uso de los productos y servicios a la sociedad.
  • Las administraciones públicas, entendiendo como los que implementan las normas derivadas de la política y gestionan los servicios básicos para la ciudadanía, como el caso de los residuos en las ciudades.

A la vista de ello, existen unos problemas clave característicos y no son otros que:

  • En el sector productivo no acaban de generalizarse los principios de economía circular. Hay grandes ejemplos. Las corporaciones más importantes tienen capacidad de “probar” e implementar. Buena parte de las PYMES, lo ven complicado y con un riesgo añadido elevado. Por ejemplo, una empresa productora de automóviles puede eliminar el uso de limpiaparabrisas con el desarrollo de una tecnología determinada. De este modo se ahorra un motor eléctrico con su cableado; la estructura plástica/metálica del limpia y la goma; es decir, está aplicando el principio de reducción. Ello va a conllevar que alguna empresa que suministra estos componentes se quede sin negocio. Tendrá que buscar un nuevo mercado o reconvertirse, formar a su personal, cambiar el proceso productivo, etc., para poder sobrevivir. Todo ello es posible con inversión, pero a estas PYMES precisamente es lo que más les cuesta y han de buscar financiación y endeudamiento.
  • El sector servicios puede que sea el más activo. Precisa de menos inversión y los resultados son más a corto plazo. El problema es que este sector es donde más se piensa, más intercambio de ideas hay, donde más se discute, incluyendo a empresarios, políticos, administradores, técnicos, científicos y más reuniones genera. Pero lo cierto es que los resultados en la mayoría de los casos quedan en declaraciones de intenciones, lista de necesidades, planteamiento de objetivos a medio y largo plazo, estrategias en fin, que no se llegan a aplicar en su mayoría, porque son difíciles de llevar a la práctica por falta de financiación y apoyos, reconociendo que son necesarias y buenas.
  • Las administraciones públicas deberían ser ejemplo de sostenibilidad a través de las compras públicas, tanto la verde como la innovadora. La administración tiene las dos vertientes antes mencionadas: por un lado consumidora y, por otro, de servicios. Si analizamos la parte consumidora, se observa que la propia ley de contratación de las administraciones públicas hace que la maquinaria sea poco flexible y genere plazos y burocracia muy elevados. Esto es una traba importante para implementar principios de modernización y transición hacia lo circular de estos organismos. Como prestador de servicios, la eficiencia es baja. Si nos centramos en la gestión de los residuos como competencia municipal, por ejemplo, estos órganos de la administración deberían aplicar la pirámide de gestión: legislar para reducir; reutilizar, reciclar y valorizar energéticamente, tendiendo hacia el vertido cero. Y eso no debería llevar componentes ideológicos políticos, sino sentido común. Pero lo cierto, sin entrar en más detalles, la comunicación con la ciudadanía es compleja y a veces nula, porque la percepción de la ciudadanía, es que hay un afán recaudador que no se traduce en mejores servicios, ni soluciones a sus problemas habituales.

Baste un ejemplo. La media de reciclaje de residuos en la UE es del 55%, mientras que en el conjunto de España, está en el 29,7% según EUROSTAT. Si nos vamos a todo lo que se lleva a los vertederos, la media de la UE es del 34%, frente al 60% de España.  Con estos simples datos, no sólo hay que hablar de Economía Circular, sino que hay que empezar ya a aplicar los principios básicos y esto no conduce más a que la población desconfíe de ciertas empresas e instituciones, por su clara ineficacia.

 

Las grandes empresas pueden hacerlo y de hecho lo están haciendo. Las de servicios lo están ofertando de uno u otro modo; pero a nivel de ciudadanía los resultados no acompañan.  Si a eso se le añade que la Economía Circular precisa de un uso claro y mayoritario de energías renovables (tal vez más del 85%) para descarbonizar la economía, nos encontramos en el caso español con un “mix energético” que tampoco ayuda:

Nuclear 21,4% No renovables, pero sin emisiones de CO2
Carbón 14,4% No renovable con emisiones de CO2
Cogeneración 11,6% No renovable con emisiones de CO2 (general)
Ciclo combinado de gas 10, 8% No renovable con emisiones de CO2 (general)
Otras no sostenibles 1,7% No renovable con emisiones de CO2
Eólica 19,8% Renovable
Hidráulica 13,7% Renovable
Solar fotovoltaica 3% Renovable
Solar térmica 1,8% Renovable
Otras renovables 1,7% Renovable

 

Es decir, que tan sólo el 40% de la energía producida en nuestro territorio, sin contar las importaciones de otras energías, proviene de renovables.

La economía circular no arraigará mientras no se coloque a la ciudadanía en el centro. Los actores involucrados tienen que cambiar la forma de operar en sus respectivos ámbitos evitando la manipulación, el fraude, la inacción, el encubrimiento de sus debilidades sociales y objetivos ocultos. Han de pivotar hacia una mejora de la sociedad y del entorno medioambiental y ello se puede realizar ayudando y facilitando nuevos modelos de negocio a través de la información y la formación, donde las grandes empresas también pueden jugar un papel muy importante para las PYMES y emprendedores. Y estas líneas también son conocidas:

  • Extensión de la vida de un producto
  • Servicios virtualizados
  • Consumo colaborativo
  • Incentivos a la devolución de un producto usado

Al final, la divulgación de la economía circular y la subsistencia de pequeñas empresas y emprendedores pasa por: repensar, rediseñar, refabricar, reparar, redistribuir, reducir, reutilizar, reciclar, recuperar energía.

En este sentido existen muchas empresas que operan en nuestro país, que han tomado este camino y tienen excelentes iniciativas, pero hay que tener cuidado en separar el trigo (empresas honestas en este ámbito) de la paja (empresas que hacen green washing). Hay que recordar que los principios básicos de la EC son los de preservar y mejorar el capital natural, optimizar el rendimiento de los recursos y promover la eficacia de los sistemas y para ello, se proponen seis acciones principales que son: regenerar, compartir, optimizar, establecer bucles, virtualizar e intercambiar. No basta con decir lo que se va a hacer o se hace cara a la galería, sino actuar verdaderamente con resultados a corto plazo. De otro modo, sólo se puede hablar de ciertas actividades en EC, pero no que la empresa sea circular.

La solución debería tener tres ejes fundamentales.

  • Que haya iniciativas políticas y administrativas. La estrategia nacional en EC es necesaria y urgente, al igual que las estrategias de las CCAA e incluso, de los propios ayuntamientos. Puede haber regulaciones significativas, como para el caso de la obsolescencia programada o desmaterializando los productos comercializados en grandes superficies, o bajando impuestos a productos reciclados y certificados, pero sobre todo, aportando financiación a las iniciativas.
  • Iniciativas empresariales y colaboración público-privadas. La generalización de la logística inversa de determinados materiales y productos; o incluso fomentar la simbiosis industrial y el mercado secundario de materias primas recuperadas y certificadas, o actuaciones en polígonos industriales para convertirlos en verdaderos ecosistemas industriales. Todo ello requiere iniciativas, acuerdos y planificación.
  • Iniciativas científicas e innovadoras. Es necesario recuperar la inversión en I+D+i y que ésta esté por encima del 1,5% del PIB. Se están desperdiciando recursos humanos y conocimiento en organismos de investigación y universidades. Todo este ecosistema debe interconectarse con la realidad de una vez por todas a través de las empresas y las administraciones públicas, de una manera fluida y sin complejos.

Y con ello, podremos saltar o romper una serie de barreras que actualmente frenan el desarrollo de la EC. Estas barreras son:

  • Falta de políticas y regulación en la aplicación. Por desgracia, el concepto de EC está muy fragmentado en sí mismo, habiendo hasta doce corrientes filosóficas para su aplicación, que persiguen un mismo objetivo, pero con métodos muy distintos y contradictorios en algunos casos. Según las ideologías políticas del momento, el camino puede ser distinto si bien no se han evaluado por parte de los políticos, los impactos sobre el tejido empresarial tradicional que pueda tener uno u otro camino.
  • Aceptación cultural entre proveedores y clientes. Las barreras mentales que lo ecológico es caro y que lo reciclado es malo o a nivel cliente, perder la propiedad de las cosas frente a compartirlas, son aspectos clave que aun pesan para la EC. Hace falta información por parte de los poderes públicos de las bondades de cambiar el sistema, pero faltan comunicadores que sepan hacerlo y que hablen el mismo idioma que los pequeños empresarios y no digamos ya, consumidores en general.
  • Hay barreras tecnológicas e innovadoras. La transformación de la sociedad en este sentido es fundamental. Todo gira alrededor de los datos y la gestión del dato es parte importante del éxito. Tiene que haber una transformación tecnológica aceptada importante. Hace 10 años era impensable que existieran coches eléctricos compartidos por nuestras calles. Ahora lo vemos normal. Es un ejemplo extremo, pero que puede ser indicativo de lo que se quiere. Para ello hace falta formación y habilidades concretas, lo cual hace que se tenga que modificar de una manera más rápida lo que se enseña en los ciclos formativos y universidades, donde la llamada formación dual puede cambiar el sentido de las cosas.
  • Finalmente, hay que llegar a la ciudadanía con lealtad y transparencia. La ciudadanía, que somos todos, sólo colabora si ve que sus impuestos se utilizan bien, que haya servicios, que las empresas generen riqueza y empleos y que el bienestar vaya acompañado de un clima social amable. Si el marco es engañoso, con corrupción, con cualquier tipo de violencia, etc., no es lo mas adecuado para ir por la senda del cambio hacia una economía circular donde los actores de la transformación colaboren entre sí.

Los beneficios de la EC para la sociedad están esperándonos. Según la Comisión Europea, para dentro de 10 años habrá habido una reducción anual de entre el 2 y 4 % de emisiones de GEI, se habrán creado más de un millón de puestos de trabajo, sin contar los indirectos. Se habrá producido un ahorro neto de 600.000 millones de euros en consumo de recursos naturales, pero sobre todo, se habrá cambiado la forma de pensar, de producir, de consumir y de vivir.

Para concluir, para que la EC arranque de verdad en nuestro país, es necesaria una clara voluntad política y administrativa con una verdadera financiación disponible para las acciones. La ciudadanía debe estar en el centro de la actividad productiva y de los servicios, junto a que las administraciones públicas deben promover su compra pública verde e innovadora, adaptando su propia norma de funcionamiento para facilitarlo y, finalmente, promover un marco adecuado a la innovación y al emprendimiento en áreas estratégicas tales como el de los plásticos, residuos alimentarios, materias primas críticas, bioproductos, en el marco de la reducción en origen, la reutilización y el reciclaje.

José Vicente López Alvarez,

Director del Grupo de Innovación Ambiental y Economía Circular. Universidad Politécnica de Madrid