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Europa hacia la Economía Circular

Hoy vamos a publicar un artículo de opinión de Ignacio Belda Hériz, graduado en Derecho por la Universidad Carlos III de Madrid, con especializaciones en derecho y políticas de la Unión Europea, así como en medio ambientes y sostenibilidad. Autor del libro “Economía Circular. Un nuevo modelo de producción y consumo sostenible”, y de varios artículos. Nombrado líder en Economía Circular por la Advanced Leadership Foundation.

El pasado 9 de mayo, como cada año, los ciudadanos de la Unión Europea celebramos el Día de Europa, conmemorando la denominada “Declaración Schuman”, el discurso que, tal día como aquel de 1950, pronunció el Ministro de Asuntos Exteriores francés, Robert Schuman, proponiendo la creación de una Europa unida a través de una “puesta en común de las producciones de carbón y acero”, sentando las bases para la constitución de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), precursora de la actual Unión Europea.

Mucho ha cambiado Europa desde entonces, y, lo que en origen era una pequeña Comunidad formada por un reducido número de países, ha acabado convirtiéndose en una Organización Internacional de referencia, compuesta por buena parte de los países del continente, en el que los lazos políticos, económicos y sociales entre sus Estados Miembro se han reforzado de tal manera que, en la actualidad, prácticamente no hay ningún ámbito de nuestra vida cotidiana en el que no esté presente la huella de la UE. Pese a las vicisitudes a las que se ha tenido que enfrentar en estos últimos tiempos, la UE sigue siendo el motor del continente y su papel es imprescindible y decisivo para hacer frente a los retos a los que nos debemos enfrentar en el Viejo Continente en esta era de cambios.

Retos como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la sobreexplotación de los recursos naturales, propiciados todos ellos por un modelo de desarrollo económico insostenible, son algunos de los que nos afectan en mayor medida a los ciudadanos de la Unión Europea, y sobre los que las Instituciones de la UE deben tomar conciencia. Es por ello que, lejos de ignorarlos, la UE se ha puesto manos a la obra y ha comenzado a desarrollar ambiciosos proyectos legislativos para poner en marcha soluciones que hagan frente a estos desafíos y respondan a las nuevas necesidades de sus ciudadanos. Estas soluciones pasan, sin lugar a dudas, por cambiar nuestro modelo de producción y consumo de manera que se pueda seguir garantizando nuestro desarrollo económico sin comprometer al medio ambiente ni a las generaciones futuras, o, lo que es lo mismo, pasa por comenzar a desarrollar un modelo económico circular en el que nada se deseche ni se desperdicie, creando una fuente inagotable de recursos.

La UE, en este sentido, gracias a las políticas que ha comenzado a desarrollar, se ha convertido en un referente mundial y en el primer actor global  en proponer soluciones de este tipo a gran escala. Medidas como las que se van a ver a continuación, son las que han consolidado el papel de la UE en la lucha contra el cambio climático y la crisis ambiental a nivel mundial.

Si bien la política de medio ambiente ha estado presente en la UE casi desde sus orígenes, no ha sido hasta las décadas más recientes, cuando las evidencias científicas han demostrado que la degradación medioambiental y los problemas que de ella se derivan suponen un verdadero riesgo para el desarrollo de la vida, que ésta ha pasado de ser una simple cuestión más, a constituir una política de primer orden. Desde la creación de la Red de Espacios Naturales más grande del mundo (Red Natura 2000), hasta la regulación de la Evaluación de Impacto Ambiental, la UE ha desarrollado innumerables y ambiciosas políticas en favor del medio ambiente, que han ido evolucionando en función de la realidad del momento, tratando de adaptarse a los cambios.

Por ese motivo, en el momento actual, cuando todo el sistema económico está siendo cuestionado, y cuando la sociedad está demandando mayores y mejores compromisos de las Instituciones y Gobiernos para revertir la ya innegable crisis ambiental, la UE, para adaptarse a la era del cambio climático, ante la probada insostenibilidad del modelo de desarrollo, ha puesto en marcha su maquinaria y se ha embarcado en un proceso de modernización de su política de medio ambiente, tratando de establecer medidas encaminadas a revolucionar este obsoleto sistema lineal por un modelo inspirado en la Economía Circular.

Así, en el año 2014, se hizo pública la Comunicación “Hacia una Economía Circular: Un programa de cero residuos para Europa”, en la que la Comisión Europeafija una serie de pautas para implementar en el territorio de la Unión, dentro del plazo de vigencia de la Estrategia 2020, todas aquellas medidas que sean necesarias para lograr la transición hacia un modelo económico en el que la reducción de residuos y su utilización como recurso generen una importante disminución de las “emisiones totales anuales de gases de efecto invernadero entre un 2 y un 4%”, para lo cual, el diseño, la innovación, o el establecimiento de un marco facilitador se consideran esenciales.

Para conseguir hacer efectivos esos objetivos, era necesario adoptar medidas y, así, en virtud de la Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones, que se promulgó el 2 de diciembre de 2015, se estableció un Paquete de 54 medidas, que, bajo la rúbrica de “Cerrar el círculo: un Plan de Acción para la Economía Circular en Europa”, la Unión consolidó su compromiso.

En este Paquete de medidas para “cerrar el círculo”, se contienen medidas que abarcan áreas tan diversas como el consumo, la producción, la gestión de los residuos, la biomasa, la innovación, etc; y se materializa de maneras muy diversas, englobando tanto propuestas legislativas, como orientaciones, desarrollo de nuevos sistemas de información, o el establecimiento de un marco de seguimiento.  La Comisión considera en esta Comunicación, que una “transición de este tipo brinda la oportunidad de transformar nuestra economía y de generar nuevas ventajas competitivas y sostenibles para Europa”, y para ello pretende implicar tanto a los agentes económicos como a los ciudadanos, aspirando a conseguir, además, “nuevas oportunidades empresariales, así como maneras más innovadoras de producir y consumir”, así como la creación de “puestos de trabajo a escala local adecuados a todos los niveles y capacidades, así como oportunidades para la integración y cohesión social”.

Los beneficios que la economía circular pueden reportar a Europa, como vemos, son cuantiosos, así, por ejemplo, según el Informe “Growwithin: a circular economyvision for a competitive Europe”, de la Ellen MacArthurFoundation, publicado en junio de 2015, demuestra que “una economía circular, propiciada por la revolución tecnológica, permitiría a Europa incrementar la productividad de los recursos hasta un 3% anual. Esto generaría un beneficio de recursos primarios de hasta 0,6 billones de euros al año hasta 2030 para las economías europeas. Además, generaría 1,2 billones de euros de beneficios externos a los recursos, incrementando los beneficios actuales a alrededor de 1,8 billones de euros en comparación con la actualidad  (…) esto se traduciría en un aumento del PIB de en torno a 7 puntos porcentuales en relación al actual escenario de desarrollo, con los adicionales impactos positivos en el empleo”.

Igualmente, se estima que, gracias a la adopción de este nuevo modelo, “la economía europea puede mejorar  la productividad de sus recursos y ayudar a reducir los costes anuales en los tres sectores alrededor de 0,9 billones de euros para 2030”.

Es innegable, por tanto, que poner en marcha un Plan de Acción para la Economía Circular, era prioritario y, así, tres años después de su implementación, según un reciente Informe de la Comisión (del 4 de marzo del presente año), la totalidad de las 54 medidas que se propusieron, o ya han sido ejecutadas o se están ejecutando. De todas estas medidas aplicadas y logros conseguidos,  podemos destacar los siguientes:

  • En 2016, las actividades circulares como la reparación, la reutilización o el reciclaje generaron un valor añadido de casi 147 000 millones de euros y fueron objeto de una inversión de aproximadamente 17 500 millones de euros. Los sectores pertinentes para la economía circular empleaban a más de cuatro millones de trabajadores, lo que supone un aumento del 6 % con respecto a 2012.
  • Estrategia de la UE para el plástico en una economía circular: Es la primera estrategia de este estilo creada a nivel internacional. Para impulsar el mercado de los plásticos reciclados, la Comisión ha puesto en marcha una campaña de compromiso voluntario. Decenas de empresas ya han asumido compromisos al respecto, lo que aumentará el mercado de plásticos reciclados en al menos un 60 % de aquí a 2025. Para cerrar la brecha existente entre la oferta y la demanda de plásticos reciclados, la Comisión puso en marcha la Alianza Circular sobre los Plásticos, formada por las partes interesadas clave de la industria que suministran y utilizan plásticos reciclados.

Más recientemente, se aprobó en el Parlamento Europeo el acuerdo alcanzado con el Consejo, para la prohibición de plásticos de un solo uso a partir de 2021. Los productos que dejarán de ser comercializados a partir de dicha fecha serán:

  • cubiertos de plástico de un solo uso (cucharas, tenedores, cuchillos y palillos),
  • platos de plástico de un solo uso,
  • pajitas,
  • bastoncillos de algodón para los oídos fabricados en plástico,
  • palitos de plástico para sostener globos, y
  • plásticos oxodegradables (el plástico se fragmenta en partículas diminutas, pero que en una primera fase no pueden ser asimiladas por las plantas) y contenedores alimenticios y tazas de poli estireno

Existe, en estos momentos, un borrador y se espera que en los próximos meses se adopte una Directiva sobre Plásticos de un solo uso que desarrolle más en profundidad estas cuestiones. Por el momento, se espera que al adoptar estas medidas se  “reducirá la factura de los daños medioambientales en 22.000 millones de euros, que es el coste estimado de la contaminación por plástico en la UE hasta 2030”.

  • Innovación e inversiones: La Plataforma de apoyo financiero a la economía circular ha elaborado unas recomendaciones para mejorar la financiabilidad de los proyectos de economía circular, coordinar las actividades de financiación y compartir buenas prácticas. La Plataforma colaborará con el Banco Europeo de Inversiones prestando asistencia financiera y explotando las sinergias con el plan de acción para financiar el desarrollo sostenible.
  • Conversión de los residuos en recursos: En junio de 2018, entró en vigor una normativa revisada sobre residuos, incluyendo nuevas tasas de reciclado o un régimen jurídico clarificado de los materiales reciclados y medidas reforzadas de prevención y gestión de residuos, incluyendo los desechos marinos.
  • Procesos de diseño y producción circulares: Mediante la implantación del plan de trabajo sobre diseño ecológico 2016-2019, la Comisión ha promovido aún más el diseño circular de los productos, así como los objetivos de eficiencia energética.

Al margen de las medidas adoptadas en virtud del Plan de Acción, la UE viene desarrollando en los últimos años una serie de acciones complementarias destinadas a la implantación de la economía circular, entre las que se pueden destacar los programas de financiación para la innovación e investigación de la economía circular que, junto con las relativas a la mejora del diseño de los productos, son los pilares para generar una economía sostenible. Gracias a programas como Horizonte 2020, LIFE o COSME se han financiado proyectos de investigación sobre cambio climático, sobre ciudades sostenibles, o de apoyo a las PYMES para su transición hacia modelos de negocio circulares.

Del mismo modo, con la creación del Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas (“Plan Juncker”), destinado a “impulsar el crecimiento económico y la competitividad a largo plazo en la Unión Europea”, se han movilizado alrededor de 315 mil millones de euros en inversiones destinados para lograr la optimización de recursos en determinados sectores que han sufrido los mayores recortes en inversión, como son la bioeconomía, la agricultura de precisión o la infraestructura hidráulica.

A pesar de todas estas y otras medidas que la UE ha adoptado, y de que la economía circular ya es una tendencia irreversible, el camino es todavía largo y, sin ir más lejos, la huella ecológica del continente sigue siendo enorme, tal y como denunció WWF este mismo mes de mayo, en su informe “Vivir por encima de los límites de la naturaleza en Europa”, en el que informa de cómo Europa ha consumido sus recursos naturales para todo 2019 en apenas cuatro meses, lo que se traduce en que el ritmo de producción es el equivalente al de 2,2 Planetas.

Del mismo modo, el escepticismo y comprensible temor de ciertos sectores que se ven amenazados por la rapidez con la que avanzan los cambios y la falta de voluntad de ciertos grupos políticos, hacen que todavía Europa encuentre importantes piedras en su camino hacia la transición.

Los desafíos a los que debe enfrentarse Europa, en este sentido, son todavía numerosos e importantes. La primitiva UE, cuyos orígenes se remontan a las primeras Comunidades Europeas, nació para unir Europa, para reconstruir el continente de la desolación causada por la Guerra y, el motor que inspiró el cambió y la vía por la que se consolidó la reconciliación, fue la economía, la puesta en marcha de políticas y mecanismos comunes a través de los cuales los Estados Fundadores y los que han ido adhiriéndose después compartían recursos, conocimientos, trabajadores, proyectos e ideas, hasta convertir a la UE en lo que es hoy en día, mucho más que una unión de mercado.

Actualmente, cuando Europa todavía se recupera de las últimas crisis que ha atravesado y cuando, si bien la crispación social y el enfrentamiento entre sus Estados está muy lejos de parecerse a los que se vivieron en los tiempos que propiciaron la creación de las Comunidades Europeas, han llegado a comprometer la supervivencia de la UE, el Continente necesita un nuevo aliciente, un revulsivo que consiga volver a traer confianza y esperanza a los europeos y, nuevamente, la economía, esta vez con su renovada visión circular, con todos los beneficios que aspira a conseguir, ha de ser la que lo haga posible. Este mes de mayo también han sido las elecciones al Parlamento Europeo, y pronto sabremos cuál será la próxima configuración de la Comisión Europea, esperemos que los órganos ejecutivos y legislativos de la Unión tomen conciencia de la importancia de la transición hacia una economía circular y que continúen trabajando para consolidarnos como líderes a nivel mundial en este sentido.

Robert Schuman, hace ya 69 años dijo que “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”, Europa se sigue haciendo cada día, y de esas acciones concretas depende su futuro. Igual que la Unión Europea se ha ido construyendo paso a paso, la Economía Circular irá constituyéndose de manera similar, pues el modelo lineal va siendo abandonado poco a poco. Europa, por tanto, ha puesto rumbo hacia la Economía Circular, que ha llegado para quedarse y que debe situarse en el centro de las políticas europeas durante los próximos años.

 

Ignacio Belda Hériz

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