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Siete casos de éxito de la economía circular:

Para entender mejor qué es la economía circular y de qué manera se materializa, considero que aproximarse a una visión práctica, a través de casos de éxito en los que determinadas empresas han aplicado la economía circular como pilar de su modelo de negocio, es fundamental. Por ello, en el artículo de este mes quiero escribir sobre diferentes empresas que, aplicando medidas inspiradas en las diversas teorías de la economía circular, han conseguido hacerse un hueco en su sector y demostrar que la transición hacia un modelo más sostenible no solo es posible, sino que también reporta grandes beneficios económicos.

Antes de comenzar a desarrollar estos casos de éxito, quiero aclarar que, en ningún caso, tengo un interés personal de ninguna índole en ninguno de ellos, simplemente, tras realizar las labores de investigación pertinentes, he ido descubriendo casos interesantes de miles empresas que han optado por este tipo de alternativas, de muy diversas maneras (biomímesis, diseño industrial, economía azul, economía colaborativa, reutilización y reciclaje, etc.). Entre esos miles de casos he seleccionado aquellas que me han resultado más interesantes por diferentes motivos, ya sea por su grado de innovación, su contribución al medio ambiente, su localización geográfica o su actividad económica, y porque, además, creo que demuestran la transversalidad y versatilidad que ofrece la economía circular, al poder aplicarse en sectores tan diferentes como los que se describen a continuación.

  1. Ecoalf: Proyecto “Upcycling the Oceans”. La basura marina como materia prima.

 Según su fundador, Javier Goyeneche: “Ecoalf surge en 2009 de mi frustración por el uso excesivo de los recursos naturales del mundo y la cantidad de residuos producidos por los países industrializados. El objetivo era fabricar la primera generación de productos de moda realizados con materiales reciclados de la misma calidad, diseño y propiedades técnicas que los mejores productos no reciclados. Demostrando que no es necesario seguir abusando de los recursos naturales del planeta de una forma indiscriminada[1]”.

Ecoalf[2], a través de su Fundación, colabora en el proyecto “Upcycling the Oceans” (creado en 2015), que desarrolla en España (junto con Ecoembes) y en Tailandia (junto con el Ministro de Turismo del gobierno de Tailandia y el CEO de PTT Global Chemical), que tiene por objetivo limpiar los océanos de los recursos que han sido desechados en ellos para su posterior reutilización. Durante el primer año, 2016, se recuperaron más de 180 toneladas de residuos con la colaboración de más de 450 barcos pesqueros de arrastre en 32 puertos pesqueros del mediterráneo (repartidos en 5 zonas de gestión). Tras la recogida de la basura marina, ésta se deposita en plantas de reciclaje, donde, tras un proceso innovador y sofisticado, conocido como polimeración, se crea un filamento continuo, respetando las condiciones de pureza requeridas por Ecoalf. El hilo obtenido, se utiliza para producir telas con propiedades y diseño de la misma calidad que los materiales no reciclados de primera línea y, con ellos, la empresa fabrica distintos tipos de productos textiles y de calzado: abrigos, camisetas, bolsos, zapatillas… siendo ésta la actividad principal de la empresa.

Ecoembes, por su parte, participa en esta iniciativa para fomentar la recuperación de materiales como el film, el acero o el aluminio y transformarlos en todo tipo de materias primas.

Su éxito le ha llevado a colaborar con multinacionales de la talla de Swatch (para quién diseña sus nuevos uniformes 100% fabricados con tejidos reciclados de 40.807 botellas de plástico recuperadas, ahorrando 30 millones de litros de agua gracias a la utilización de materiales regenerados), con Apple (para quien diseña una colección exclusiva de fundas sostenibles para ordenadores portátiles que estuvo presente en las 300 tiendas insignia de la marca alrededor de todo el mundo) o con Barneys NY (para quien desarrolló una edición limitada y exclusiva de maletines para la temporada primavera/verano 2013, realizada con nylon 100% reciclado de redes de pesca abandonadas.). También, con los posos de café molido que son recogidos cuando todavía están húmedos) diariamente por S. Café® de diversas cadenas de restaurantes y tras varios procesos se consigue crear igualmente hilo, con el que Ecoalf va a empezar a comercializar abrigos y anoraks (calculan que 20 tazas de café corresponden a un metro de tejido).

Sus beneficios le han permitido, además de su tienda online, abrir una tienda en Madrid y otra en Berlín, con la consecuente generación de empleo que conlleva, además, le han valido numerosos reconocimientos, como Premio Europeo de Medio Ambiente en 2014, el Premio Nacional de la Moda, que entregó la propia Reina Letizia, o el Premio BID14_4ª Bienal Iberoamericana de diseño.

De este modo, a través de las botellas de plástico, el algodón reciclado, neumáticos, redes de pesca o los posos del café, recogidos del mar o de otro lugar, la empresa consigue crear tejidos sostenibles que transforma en una gran variedad de productos, lo que, además de generar los beneficios propios del negocio y empleo, contribuye al desarrollo sostenible del Planeta y a solucionar uno de los grandes problemas que amenazan al medio ambiente en la actualidad. Es, sin duda, un gran ejemplo de economía circular.

  1. Parque ecoindustrial de Kalundborg, Dinamarca. Ejemplo de ecología industrial.

Kalundborg es una ciudad del norte de Dinamarca con unos 20.000 habitantes, que desde los años 60 se convirtió en un centro industrial de gran importancia para el país gracias a la configuración de un parque ecoindustrial[3] a gran escala en su región; este hecho le ha merecido un reconocimiento como paradigma urbano de productividad. En el parque de Kalundborg se encuentran muchas de las empresas danesas más importantes, que dan trabajo, en conjunto, a más de 8000 personas.

El principio de la innovación ecológica en Kalundborg es sencillo: controla la complejidad de las actividades industriales de la región ordenando las empresas en una estructura similar a la de una cadena alimenticia, de este modo, la ciudad se concibe como una unidad compuesta por relaciones orgánicas, las cuales abarcan una gran variedad de especies que interactúan con los recursos materiales disponibles.

 El funcionamiento del complejo como ejemplo de cadena alimentaria, opera de la siguiente manera:

  • en el eslabón de los productores, la planta eléctrica ASNAES vende vapor a la refinadora STATOIL y a la planta farmacéutica NOVODISK. El calor obtenido de los generadores de ésta última se usa para la calefacción de edificios en la ciudad, así́ como para calentar invernaderos y granjas acuícolas. La refinería STATOIL vende gas combustible y agua de enfriamiento a la planta eléctrica ASNAES, y el azufre que produce se envía a la planta de ácido sulfúrico de KEMIRA.
  • en el segundo eslabón: el de consumidores primarios, la industria de paneles de cartón yeso GYPROC utiliza el sulfato de calcio enviado por la planta eléctrica ASNAES y el gas combustible de la refinería STATOIL para la fabricación de paneles. Y la planta farmacéutica NOVODISK genera un lodo biológico que es usado como fertilizante en las granjas, y la mezcla de levadura en la producción de insulina se utiliza como suplemento para alimentar cerdos.

De esta manera, como se puede observar, los subproductos de unas empresas, sirven como materia prima de otras o, incluso, de la propia ciudad (cada “output” de una se convierte en el “input” de otra). En el complejo industrial, las empresas están situadas estratégicamente para que las materias fluyan de unas a otras con mayor facilidad y rapidez, en perfecta simbiosis, por lo que se optimizan los recursos y procesos. La reducción de costes ha sido asombrosa y gracias a esta cooperación las ventajas económicas y los beneficios se han incrementado, inspirándose en el comercio sensato y respetando el medio ambiente.

  1. La reutilización como recurso.

 Se calcula que, de media, todos los meses los padres se gastan más de 200€ en comprar ropa para sus bebés, pues, al ritmo que crecen los bebés, la ropa que usan pronto se les queda pequeña y hay que renovarla. Vigga[4] es una empresa danesa de Kastrup, en Copenhague, fundada por Vigga Svenson quién, consciente de este problema, ha decidido crear una innovadora e inteligente solución. La firma diseña ropa orgánica (con algodón y lana, sin ningún tipo de químicos y fácilmente reciclable) y reutilizable, la cual comercializa de una manera muy diferente: es necesario suscribirse en su página web y, por 48€ mensuales envía a sus clientes una bolsa con entre 15-20 piezas de ropa que, una vez se le quedan pequeñas al bebé, devuelven a la empresa, la cual les facilita otra bolsa con ropa de tallas más grandes y, así, sucesivamente. Cuando la ropa vuelve a la empresa, realizan una inspección de calidad (los clientes tienen que comprometerse a devolver las prendas en buen estado) y después realizan un lavado en una lavandería ecológica, para poder ser enviadas a otra nueva familia, hasta un total de cinco familias.

Se necesitan en torno a 3000 litros de agua para fabricar un pijama de bebé (el equivalente al agua que una persona puede consumir en un mes), y en su fabricación se emite alrededor de siete kilos de CO2 (el equivalente al que emite un coche tras ser conducido durante 55 kilómetros), al reutilizar estas prendas por parte de cinco familias distintas, el consumo de agua y la reducción de CO2 se calculan en un 80%. Desde su Fundación, en 2015, hasta mayo de 2017, Vigga ha hecho circular alrededor de 100.000 piezas de ropa, logrando un ahorro de 7,5 millones de litros de agua y reduciendo las emisiones de CO2 en siete toneladas. La ropa más sostenible es la que ya existe.

Esta empresa surgió debido al compromiso de la empresaria por, en palabras de ésta: “acabar con este sistema insostenible de usar y tirar y crear una sociedad más justa”. El ahorro económico para las familias es brutal (y la ropa de bebé no es precisamente barata), así como también el ahorro de los recursos que se necesitan para su fabricación. Además, representa la clara idea de un sistema de economía colaborativa donde, disponer, en este caso, es mejor que poseer, fomentando la compartición de bienes entre la sociedad. Es un clarísimo ejemplo de economía circular y, por ello, la empresa ha recibido numerosos premios, entre los que destacan el Danish Design Awards for Outstanding Service en 2017, o el Sustainia Award for best fashion solution en 2015, en la COP21 de París. Está certificada como orgánica y socialmente sostenible tanto por la Global Organic Textile Standard (GOTS) como por la etiqueta ecológica Nordic Swan

  1. El Centro para la Investigación Interactiva sobre Sostenibilidad de la Universidad de Columbia Británica. Ejemplo del diseño regenerativo.

 El Centre for Interactive Research on Sustainability[5] de la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, Canadá, es un proyecto de Perkins + Will inaugurado en noviembre de 2011 que aplica los innovadores conceptos del diseño regenerativo y ha hecho de un edificio un verdadero ecosistema en el que se autoalimentan todos y cada uno de los materiales entre sí.

El edificio está construido prácticamente sin usar hormigón ni acero estructural, dos materiales que generan una huella estructural muy elevada. La mayor parte del interior del edificio está construida con madera de pino desechada. Como la madera es un material altamente inflamable, el propio edifico cuenta, además de con aisladores especiales, con un sistema antiincendios, el cual obtiene el agua de una cisterna subterránea que se alimenta con el agua de lluvia, al igual que el resto de la estructura (incorpora sistemas de recogida y tratado del agua de lluvia que cubren al 100% las necesidades del edificio).

La instalación de 5.574 metros cuadrados, está preparada para maximizar la exposición de las paredes exteriores a la luz solar y al aire fresco, pues los ventanales están dispuestos de tal manera que iluminan todo el edificio los días de sol y, en verano, gracias a una gran cubierta vegetal proporciona también sombra. Ésta cubierta vegetal, denominada “pared viva”, sirve, además, para albergar especies de pájaros, insectos y otros animales. El jardín exterior se riega con agua de tormenta que es medida gracias a un embalse por goteo y que finalmente va a desembocar a un acuífero subterráneo, donde se almacena el agua para ser posteriormente utilizada para otros fines.

El jardín interior está formado por tanques con plantas que absorben y procesan naturalmente los desechos generados en los baños del edificio. El agua procesada sirve para irrigar tanto la pared viva como el propio jardín interior.

Dispone de paneles fotovoltaicos en las fachadas este y sur que permiten cubrir parte de la demanda energética del edificio. El resto es recolectado del exceso energético de un edificio cercano, que es convertido en energía en una pequeña central geotérmica. El total de los residuos del edificio son reciclados in situ.

El edifico, evita la emisión de 600 toneladas de CO2, que son retenidas por la madera, y ha reducido las emisiones del campus en 150 toneladas anuales; reduce el consumo anual de energía del campus en 275 megavatios por hora; tiene la capacidad diaria para purificar 2.300 litros de agua y se calcula que desde 2013 ha recolectado 100.000 litros de agua de lluvia.

Es el ejemplo perfecto para demostrar que la economía circular también se pude aplicar en el mundo de la construcción, la arquitectura o la ingeniería.

  1. PharmaMar y YONDELIS, soluciones farmacológicas contra el cáncer de ovario gracias a la biomímesis.

 PharmaMar[6] es una multinacional española de origen gallego, aunque con sede en Madrid, centrada en oncología y comprometida con la investigación y desarrollo que se inspira en el mar para el descubrimiento de moléculas con actividad antitumoral. Somos una Compañía integrada que busca productos innovadores para dotar de nuevas herramientas a los profesionales sanitarios para tratar el cáncer.

El mar, además de cubrir el 70% de la superficie del planeta, alberga el 80% de los seres vivos. A lo largo de millones de años, la evolución ha permitido que los organismos marinos desarrollen una variedad de sustancias con actividad biológica que utilizan como mecanismos de supervivencia, defensa, ataque y comunicación.

Explorar la biodiversidad del mar nos ayuda a entender, por ejemplo, cómo determinados organismos pueden resistir a temperaturas y presiones extremas, o cómo el hecho de crecer sin luz puede ser usado para desarrollar nuevas enzimas industriales o farmacológicas. Investigar y emular estos organismos y sus procesos, por tanto, ofrece innumerables oportunidades para desarrollar fármacos.

Al su vez, desarrollar estas investigaciones nos permiten darnos cuenta del impacto que la actividad humana, incluso en la superficie terrestre, tiene sobre la superficie marina, por lo que nos hace concienciarnos, no sólo de los beneficios que los ecosistemas marinas nos están brindando, y el gran potencial que todavía está sin explorar, sino también de cómo, por nuestras malas políticas y actividades, podemos perjudicar dicho ecosistema que, no afecta exclusivamente a los organismos que allí viven, también puede hacernos perder todas esas posibles soluciones farmacológicas que podrían ser la respuesta a muchas de las enfermedades que, hoy por hoy, aún no tienen cura.

Así las cosas, Pharmamar consiguió desarrollar el antitumoral YONDELIS® (trabectedina), que en origen obtenían de la especie marina de los Urocordados o tunicinos, así llamados por estar cubiertos por una túnica de secreción, la cual está formada por una secreción ectodérmica gelatinosa de tunicina (una especie de celulosa), el compuesto del cual se obtiene el medicamento.

Actualmente se ha conseguido sintetizar industrialmente el fármaco, emulando los procesos de la especie animal y se ha convertido en el primer fármaco de origen marino aprobado en Europa para dos indicaciones en cáncer: sarcoma de tejidos blandos y cáncer de ovario. Está disponible en casi 80 países y está presente en los principales mercados oncológicos: Estados Unidos, Europa y Japón.

En PharmaMar se lleva a cabo un programa de Investigación, que conlleva distintas etapas, para el descubrimiento y desarrollo de nuevos compuestos antitumorales y conseguir sintetizarlos de manera industrial, de forma que se puedan producir a gran escala. Además de Yondelis, tienen muchos otros fármacos de similar origen. Para conseguir los medicamenos, PharmaMar desarrolla varias fases:

  1. En una primera fase se recolectan los organismos marinos, principalmente invertebrados, se estudia su taxonomía y se inicia la evaluación de su actividad biológica en células tumorales, (actualmente cuentan con la mayor colección de organismos marinos del mundo, con aproximadamente 200.000 muestras entre macroorganismos y microorganismos).
  2. En la segunda fase, se aísla y determina la estructura química de la sustancia responsable de la actividad y diseñan un proceso de síntesis química para producirla mediante un proceso que puede ser industrializado. A continuación se define la fórmula farmacéutica del nuevo compuesto, que se administra en modelos animales, para ver tanto su eficacia en distintos tumores como sus efectos secundarios. Si los resultados de estos estudios son positivos, se inicia la investigación en pacientes con cáncer.

La empresa, gracias a su trabajo, ha recibido numerosos premios, entre los que destacan el Premio Nacional de Innovación y Diseño 2011 a la internacionalización, o el Premio Elsevier Galien a “Mejor medicamento del año” para Yondelis®, en 2009.

Los organismos vivos, tras millones de años de evolución, han sabido adaptarse a cambios y desarrollar mecanismos de supervivencia de los que podemos y debemos aprender. Proteger e investigar estos organismos vivos nos ofrece soluciones tan necesarias como los antitumorales contra el cáncer y, además de mejorar nuestra calidad de vida, amplia nuestros conocimientos.

  1. La economía circular en la industria del papel: el caso de SAICA.

 En este apartado, se va a exponer el caso de una de las empresas aragonesas más conocidas, como es la multinacional zaragozana S.A Industrias Celulosa Aragonesa (SAICA), que lidera el sector en España y es el tercer actor más destacado de este mercado a nivel europeo, generando 9.000 empleados, fabricando 2,5 millones de toneladas de papel anuales y facturando más de 2.500 millones de euros. La compañía tiene como objeto principal desarrollar y producir “soluciones sostenibles para el embalaje de papel y cartón ondulado y su posterior recuperación”.

Según Greenpeace, “la industria del papel se ubica al tope del ranking en materia de uso de recursos naturales y generación de contaminantes, todo para fabricar un producto que es usualmente descartado inmediatamente. El papel alcanza cerca del 40% del total de los residuos sólidos urbanos en algunos países industrializados. A pesar de la modernización de sus procesos industriales, la demanda de tierras para plantaciones, el uso intensivo de recursos de agua, los volúmenes de descargas líquidas, sus emisiones gaseosas y residuos sólidos hacen de esta industria un peligro que se expande en todas las regiones del planeta[7].”

De esta manera, para evitar contribuir a ese despilfarro, SAICA, ha revolucionado la industria del papel y ha conseguido, a través de la innovación tecnológica, optimizar los recursos, reducir el uso de agua en la fabricación de papel y valorizar los recursos. Saica sigue un proceso para desarrollar su actividad por el cual, en primer lugar, recupera a través de su sección de medio ambiente NATUR, papel, plástico y cartón en los diferentes donde está presente, posteriormente recicla el material recuperado y, así, finalmente, reduce la cantidad de materia prima necesitada. Es un proceso circular que está en constante funcionamiento.

La empresa, en definitiva, gestiona conforme a la legislación vigente, la totalidad de los residuos generados en los procesos productivos de sus clientes. Instala aquellos equipos que faciliten la segregación y disposición de los mismos, para posteriormente, trasladarlos mediante su propio servicio de transporte al lugar donde reciben el tratamiento más adecuado. De este modo, ha ido evolucionando a lo largo del tiempo sus sistemas de fabricación, pasando de la celulosa al papel reciclado, incorporando plantas de cogeneración en sus instalaciones, incorporando plantas de tratamiento de aguas de proceso en las que se produce biogás, aprovechando ese biogás para producir electricidad y vapor y utilizando los residuos de las fábricas para producción eléctrica en la Planta de Valorización Energética[8] (ha conseguido una valorización energética del 94%).

Uno de sus proyectos más destacados es Natur Cycle Plus, pionero a nivel europeo, que cuenta con una financiación de 11 millones de euros (parte de ellos procedentes del BEI), en relación al reciclaje del polietileno de baja densidad.

Este proyecto se lleva a cabo en la planta que recientemente se ha abierto en la localidad zaragozana de El Burgo de Ebro, y consiste en producir, a través de diferentes procesos de control, una granza (material plástico obtenido de los materiales reciclados, normalmente, en forma de gránulos), de altas prestaciones, capaz de sustituir a la granza virgen (derivada del petróleo) y con un alto grado de procesabilidad. Esta granza se utiliza, posteriormente, para la creación de soluciones de embalaje flexible como los films plásticos para el paletizado o la agrupación de botellas en packs de varias unidades, entre otros productos. La fábrica produce anualmente 13.000 toneladas de esta granza homogénea

Este proyecto cuenta con la certificación europea EuCertPlast en reciclaje de rLDPE post-consumo. Lo cual significa que la empresa puede utilizar la ecoetiqueta ‘Blue Angel’, que distingue a los productos con baja incidencia medioambiental en su ciclo de vida, y que acredita que esta planta cumple con un elevado nivel de exigencia y calidad en transparencia y trazabilidad del residuo post-consumo.

La multinacional aragonesa lleva también, desde el año 2003, colaborando en un proyecto de co-innovación con diferentes cadenas de supermercados, logrando el “vertido cero”. Esto significa que todos los residuos generados durante este tiempo en algunos hipermercados de las cadenas con las que colabora, han pasado directamente a procesos de valorización y tratamiento sin necesidad de recurrir a un vertedero, reintroduciendo en el círculo productivo numerosos materiales que hasta ahora eran desechados al vertedero. De esta forma, se consigue que el cartón se convierta de nuevo en papel reciclado con el que fabricar nuevas cajas; el polietileno de baja densidad, en granza que puede utilizarse en sus embalajes; los deshechos inertes, en CSR (Combustible Sólido Recuperado) para su posterior valorización energética, y la basura orgánica tanto en compost como en energía.

  1. Mint 57º: Viajar por el mundo minimizando nuestra huella ecológica.

 El avión es el medio de transporte que más Gases de Efecto Invernadero (GEF) emite a la atmósfera, y así, la aviación es responsable, por sí sola, de la emisión de alrededor del 2,5% del total de las emisiones de la UE de GEF (y a nivel mundial el porcentaje es similar)[9]. Aunque no es muy significativo, comparado con otros medios de transporte, como los automóviles que, debido a su gran uso, son responsables de más del 50% de las emisiones, cada vez que se realiza un trayecto en avión se emiten de golpe grandes cantidades de gases contaminantes que contribuyen al cambio climático y al calentamiento global y, teniendo en cuenta que se espera un incremento del 64,5% del tráfico aéreo comercial de aquí a 2034[10], las emisiones de CO2 a costa de la aviación y del turismo internacional también van a aumentar de manera proporcional.

En este panorama es en el que nace Mint 57º[11], una Agencia de Viajes que nace con una filosofía: “explorar las bellezas naturales y culturales de nuestro planeta mientras realizamos acciones concretas para minimizar el impacto de nuestra presencia en la naturaleza y devolverle, en la medida de lo posible, lo que ella nos regala”. 57 grados Fahrenheit (14 ºC), es la temperatura ideal para que se produzca la vida en la Tierra y, de ahí que esta agencia de viajes haya adoptado su nombre, pero no sólo de manera simbólica sino que, como compromiso con su filosofía, se han propuesto un reto: ayudar a reducir los efectos nocivos que, sobre el medio ambiente, genera cada uno de los viajes que organizan. De este modo, para paliar los efectos de las emisiones de CO2 que cada viajero genera al utilizar los diferentes medios de transporte (especialmente el avión) durante su viaje, y compensar su huella ecológica, financian proyectos de energías renovables, conservación ambiental, gestión de recursos o de eficiencia energética, destinando una parte del dinero que ingresan por organizar los viajes para ello. Actualmente financian un proyecto para instalar placas solares en España, invirtiendo 10€ por cada viajero (suelen organizar viajes en grupo, con una media de 8 personas, y nunca superior a 12).

Aunque realizar viajes en avión nunca es 100% sostenible, lo que pretende Mint 57º es, en definitiva, compensar, de alguna manera, el perjuicio ecológico que han generado con su actividad, y evitar que la temperatura media de la Tierra aumente muy por encima de los 57 ºF. Esta idea enlaza con la teoría del Capitalismo Natural, que se explicó en su momento, que en uno de sus principios (el cuarto), defendía la idea de “reinvertir en capital natural”, para reponer los ecosistemas del Planeta.

Además de financiar dichos proyectos, Mint 57º también fomenta el turismo de naturaleza, organizando en ella actividades con un bajo impacto ambiental, y trabaja con empresas, comunidades e instituciones locales de los lugares donde envían a los turistas, garantizando que los ingresos generados por los viajeros reviertan exclusivamente en beneficio de las economías locales y no en el de grandes compañías multinacionales, facilitando la estancia en pequeños alojamientos de gestión familiar, campamentos o, a más alto nivel, eco-hoteles o eco-resorts que realicen actividades de sostenibilidad ambiental. La idea es que los viajeros se introduzcan en la sociedad, cultura y naturaleza de los lugares que visiten y que contribuyan a su desarrollo económico y a su conservación ambiental. Esto concuerda con los principios de la “Ecología Social” y “Ecología Cultural” de  la Economía del Rendimiento, al favorecer un modelo económico basado en la cooperación y en el respeto a los derechos humanos, así como también ayuda, en cierto modo, a exportar la economía circular a otros lugares, pues, a medida que crezca la oferta de estos servicios (que radica, fundamentalmente, en el turismo de naturaleza y en el deseo de conocer otras culturas, al mismo tiempo ), también lo hará la demanda.

[1] Ésta es la propia descripción que aparece en el portal web de la empresa.
[2] https://ecoalf.com/es/
[3] http://www.symbiosis.dk/en/  y https://www.youtube.com/watch?v=1yCYGOxnpSY
[4] https://vigga.us/in-english/
[5] http://cirs.ubc.ca/
[6] https://www.pharmamar.com/es/sobre-pharmamar/
[7]Greenpeace Argentina (2006). El Futuro de la Producción de Celulosa y las técnicas de producción más favorables para el medio ambiente. Campaña tóxicos. p.1. Disponible en:
http://www.greenpeace.org/argentina/Global/argentina/report/2006/4/el-futuro-de-la-producci-n-de.pdf [Consultado el 5 Oct. 2017].
[8] La valorización energética es un proceso que minimiza el volumen de los residuos mediante su combustión y aprovechando la energía que genera este proceso, para producir vapor y electricidad.
[9] Ibrahim Perera, A. (2008). Las emisiones de CO2 en la aviación comercial. atc magazine, 58, pp.19-21.
[10]  Análisis del Crecimiento Mundial de la Aviación Comercial – One Air. [online] One Air. Disponible en: https://www.oneair.es/crecimiento/  [Consultado el 18 Ene. 2018].
[11] https://mint57.com/

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