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LA ECONOMÍA CIRCULAR COMO PREVENCIÓN DEL DESPILFARRO ALIMENTARIO

El despilfarro en cifras

Cada habitante de la Unión Europea desperdicia de media unos 179 kg de alimentos al año de los 499 kg que consume. Estas cifras traducidas a un lenguaje más cercano significarían que de cada tres productos que tenemos en la nevera, uno iría a la basura. Sin embargo, a pesar de que el despilfarro que se produce en los hogares es cuanto menos considerable y el que ocupa el % más alto, también existe en otros estadios de la cadena que van desde las cosechas hasta la producción y la distribución o la restauración.

Si hablamos de porcentajes en las fuentes de los residuos alimentarios nos encontramos con un 42% correspondiente a los hogares, un 39% que proviene de la industria manufacturera, un 14% de los servicios alimentarios y un 5% de la venta.

Si las cifras ya son impactantes por si mismas, todavía lo son más cuando conocemos que en la Unión Europea viven 79 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza y que en el mundo hay 925 millones de personas bajo riesgo de desnutrición. ¿Contradictorio y triste, no?

Como muestran los datos la situación es insostenible con un nivel de despilfarro tan alto que sitúa en cerca de 89 millones de toneladas los alimentos que se tiran en Europa y que, a su vez producen 170 millones de toneladas de CO2 cada año. Si continuáramos con este ritmo sin tomar medidas, se calcula que para 2020 los residuos alimentarios podrían incrementarse hasta un 40%

 

La necesidad de tomar cartas en el asunto

Son muchas las iniciativas públicas y privadas que trabajan día a día para reducir el importante despilfarro alimentario, sin embargo no es suficiente. Con cifras tan elevadas es necesario que se produzca un cambio significativo en la manera de entender tanto la producción como el consumo, y es por ese motivo que el modelo de Economía Circular debe jugar un papel importante para dar soporte a todas aquellas los proyectos ya emprendidos para reducir la cantidad de comida que acaba cada día en la basura.

El plan de acción de la Comisión Europea de finales de 2015 ya contemplaba la problemática como uno de los puntos a tratar en la nueva economía. La producción, la distribución y el almacenamiento de comida utilizan recursos naturales y generan un impacto en el medio ambiente. Si además esa comida acaba por ser desechada cuando aún tiene propiedades alimentarias, el impacto en el medio ambiente y las pérdidas para el consumidor y la economía todavía son mas graves.

Aunque existen algunos datos que estiman dicha pérdida, es complicado valorar de manera exacta la pérdida que supone, en todos los sentidos, el despilfarro alimentario que existe en la actualidad en Europa. Por ese mismo motivo, cuando se implementan buenas prácticas en toda la cadena es importante monitorizarlas y reportarlas para que el cambio sea efectivo. Durante el 2016 la Comisión Europea se ha propuesto desarrollar una metodología de uso común para todos los agentes que intervienen en el proceso alimentario que permita tener indicadores para medir el despilfarro alimentario y atacarlo. También se plantean formar una plataforma en la que se puedan desarrollar objetivos y metas contra el despilfarro alimentario, compartir las buenas prácticas y evaluar el proceso, además de aclarar la legislación del sector para facilitar acciones como la donación de comida y la utilización de restos como alimentación animal.

Para el 2017, la Comisión Europa plantea trabajar opciones que permitan mejorar el entendimiento de la fecha del “consumir preferentemente” para evitar que la comida en buen estado sea desechada.

 

La economía circular en el sector alimentario

Tenemos claras las cifras y los objetivos, y posiblemente ya somos conscientes de todas las medidas individuales que podemos poner en práctica (como la compra responsable, la planificación de lo que necesitamos adquirir para nuestros menús semanales, la buena conservación de los alimentos o el aprovechamiento de las sobras de la comida anterior para elaborar otra nueva receta). Sin embargo el cambio debe ir más allá, afectando desde los inicios del ciclo, aplicando nuevas normativas que reconduzcan la situación y ofrecer facilidades a todos aquellos que, como los que ya han empezado, quieren poner en práctica nuevos sistemas de producir o distribuir para luchas contra una problemática que es cosa de todos.

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